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Halloween en Disneyland® Paris 2026: nuestra experiencia real (lo bueno y lo que nos decepcionó)
Visitamos Disneyland Paris del 12 al 16 de octubre de 2026, durante el Festival de Halloween, y te lo contamos con honestidad: decoración, snacks, tiendas, desfile y lo que más nos gustó.
DISNEYLAND PARIS
10/20/20267 min leer
Te voy a ser sincera: llegué a Disneyland® Paris el 12 de octubre de 2026 con unas ganas enormes de vivir el Festival de Halloween. Chris y yo habíamos preparado una lista de snacks para probar, yo iba lista para fotografiar cada calabaza y esperaba encontrar ese ambiente tan especial de las temporadas temáticas.
Y bueno… no fue lo que imaginaba.
Te adelanto lo esencial: la decoración me pareció escasa, varios snacks estaban agotados o incompletos, casi no había cosas de Halloween en las tiendas y el desfile fue difícil de ver con tanta gente. Lo mejor, y por mucho, fueron las proyecciones nocturnas de Main Street.
Esto es lo que vivimos nosotros del 12 al 16 de octubre. Tu experiencia puede ser distinta, pero prefiero contártela tal cual.
La decoración: yo esperaba más
Lo primero que noté fue lo poco decorado que estaba todo. Normalmente solo decoran Main Street, U.S.A. y Frontierland, y está bien así; el problema este año es que ni siquiera ahí había casi nada. En años anteriores había flores y guirnaldas en Main Street y, en Frontierland, los hombres calabaza. Esta vez no encontré casi nada de eso.
Lo más llamativo estaba alrededor del quiosco: las dos calabazas decoradas de Mickey y Minnie, velas con las figuras de Goofy y Donald, calabazas hechas con plantas y otras velas más sencillas. También estaban los vitrales de la estación y, a lo largo de la calle, algunos carteles con siluetas de villanos. Era bonito, pero se concentraba en una sola zona, y en el resto de la calle la sensación era mucho más discreta de lo que esperaba.
En Frontierland pasó lo mismo. Unlucky Nugget Saloon estaba decorado y, frente al restaurante, había sobre todo flores secas que aportaban casi nada, y los hombres calabaza de otros años no estaban. Más adelante, camino al restaurante inspirado en Coco, encontramos alebrijes y catrinas que me parecieron preciosos. El problema es que estaban muy separados unos de otros, y en una zona tan grande daban sensación de vacío. Mi parte favorita fue la que rodea el restaurante, donde las figuras estaban más juntas y las flores de colores le daban mucha vida. Ojalá hubiera sido así en todo el espacio.
En el resto del parque, la decoración fue muy puntual: de vez en cuando algún adorno de calabazas, como el que vimos junto a la atracción de los piratas. No esperaba que cada rincón estuviera cubierto, pero sí que Halloween se sintiera por todo el parque. Para mí, esto fue de lo más decepcionante.
Los snacks: una búsqueda del tesoro (sin tesoro)
Probar los snacks especiales es de mis cosas favoritas de las temporadas temáticas. Me divierte que Halloween también se note en la comida, con formas distintas, personajes y sabores que no hay el resto del año. Por eso preparamos una lista y convertimos la búsqueda en una pequeña aventura. La primera noche cenamos en Unlucky Nugget Saloon, así que dejamos los snacks para la mañana siguiente.
Primera mañana. Salimos temprano, con la lista en la mano y mucha ilusión. Primera parada: el snack de Jack. No lo encontramos. Seguimos con los mini waffles: sí estaban, pero sin los toppings de colores que los hacen diferentes. Fuimos a Café de la Brousse por el fantasmita: cerrado. Nos fuimos a Fantasyland por el helado de la Reina de Corazones, pero no llevaba el sirope especial. Y en Old Mill, a las diez de la mañana, ya no quedaban donas. Terminamos desayunando cualquier cosa. No espero encontrarlo todo siempre, pero empezar así el día desanima.
Segundo día. Volvimos a intentarlo. Encontramos los brookies, pero les faltaba el chocolate con la imagen del villano. Café de la Brousse seguía cerrado y los mini waffles seguían sin toppings. Por fin conseguimos las donas, aunque estaban muy frías, como si no se hubieran descongelado del todo.
Pero no todo fue malo, y quiero ser justa: probamos las palomitas con Cheetos, y por la tarde logramos probar el Mystery Mousse Treat y el Gâteau Flammes d’Hadès, que nos habían quedado pendientes. Y en Last Chance Café encontramos toda la oferta que buscábamos sin ningún problema.
Café de la Brousse, cinco días cerrado. Esto sí me llamó mucho la atención: estuvo cerrado durante toda nuestra estancia, del 12 al 16 de octubre. No pudimos probar allí el fantasmita y tampoco lo encontramos en el puesto de la entrada de Disney Adventure World, a pesar de buscarlo en dos lugares.
Entiendo que hay incidencias y que los productos se agotan. Pero cuando llevas varios días en el parque y te topas una y otra vez con puestos cerrados, snacks sin sus elementos característicos o productos que ya no están a primera hora, la decepción se va acumulando. Para mí, los toppings, las decoraciones de chocolate y los siropes especiales no son un adorno: son lo que hace que un snack de Halloween sea diferente de uno que podrías comprar cualquier otro día. Y por eso teníamos la lista.
Las tiendas: más Navidad que Halloween
Otra sorpresa nos esperaba al entrar a las tiendas. Yo quería llevarme algún recuerdo de Halloween, pero los artículos de la temporada eran prácticamente inexistentes: solo los encontramos en dos tiendas. Y lo que más me desconcertó fue ver mucha más oferta de Navidad. Estábamos a mediados de octubre, en plena temporada de Halloween, y me costó entenderlo.
No esperaba que todas las tiendas tuvieran lo mismo ni una colección interminable. Pero sí algo más consistente en una temporada que, para muchos visitantes, es el motivo para elegir estas fechas. Y fue otra pieza que reforzó la misma sensación: Halloween tenía menos presencia de la que esperaba.
El desfile: difícil de disfrutar con tanta gente
El parque estaba llenísimo. Había gente por todas partes y las filas para ver a los personajes clásicos eran enormes, y eso también se notó en el desfile.
Me gusta que los personajes bajen a bailar al centro y se acerquen al público; es una idea divertida que puede crear momentos especiales. Pero con tanta gente, el formato se complica. No todos suben a las tarimas, y los que se quedan abajo prácticamente desaparecen entre la multitud. Además, cuando el desfile se divide en dos para dar espacio a los bailes, el personaje que querías ver puede quedar al otro lado, y si hay mucha gente de por medio es fácil quedarte sin verlo bien. Estás ahí, esperando con toda la ilusión, y te pierdes parte de lo que pasa solo por no tener buena perspectiva.
Que quieran fomentar la interacción me parece perfecto, pero en días de tanta afluencia sería genial que el formato facilitara que todos puedan ver.
Lo que sí me enamoró: las proyecciones de Main Street
Aquí sí se me iluminó la cara. Las proyecciones nocturnas a lo largo de Main Street, U.S.A. me parecieron preciosas y fueron, curiosamente, el único momento en el que sentí de verdad que estábamos viviendo el Festival de Halloween.
Las proyecciones van cambiando, así que vale la pena dedicarles un buen rato. No basta con pasar una vez por la calle: hay que quedarse y ver cómo se suceden las escenas. Uno de mis detalles favoritos fue descubrir que hasta el color del castillo cambia según la proyección. Es un efecto precioso que le da continuidad a toda la experiencia. Ahí sí sentí esa atención a la temática que había echado de menos durante el resto del día.
Lo que más me molestó: The Unlucky Nugget Saloon
Había una cerveza especial de Halloween anunciada en varios puntos del parque. La buscamos en distintas ocasiones sin encontrarla, hasta que en Victoria’s Home-Style Restaurant nos dijeron que solo estaba en Unlucky Nugget Saloon.
Fuimos con la intención de pedir esa cerveza, junto con algunos postres y otras bebidas que yo no había podido probar en una cena anterior en el mismo lugar. Después de una larga fila, ya dentro nos dijeron que era necesario comprar un menú completo por persona para poder consumir. Nadie nos había avisado antes de esperar y, además, la manera en que nos lo explicaron no fue nada amable.
Lo que más me frustró es que queríamos consumir y pagar por productos concretos; no pretendíamos entrar sin comprar nada. Llevábamos días buscando una bebida anunciada por el propio parque y, cuando por fin nos dijeron dónde estaba, nos encontramos con condiciones que no conocíamos.
Entiendo que cada restaurante tenga sus políticas, pero creo que deberían comunicarse claramente antes de hacer fila, sobre todo con productos de temporada anunciados en distintos puntos del parque. Y la forma de decirlo también importa. Me habría gustado saberlo antes de esperar y que nos lo explicaran con más cordialidad.
Si vas en Halloween: lo que te recomiendo
Ve pronto por los snacks. Algunos productos ya no estaban a primera hora de la mañana.
Ten un plan B. Si llevas una lista de snacks, prepárate por si alguno está agotado, incompleto o en un puesto cerrado.
Ajusta tus expectativas de decoración. Había detalles muy bonitos, pero concentrados en zonas concretas.
No cuentes con llevarte muchos recuerdos de Halloween. En nuestra visita solo encontramos artículos de esta temática en dos tiendas.
Si quieres ver el desfile, llega con tiempo y elige bien tu lugar: con mucha gente, la visibilidad puede complicarse.
Reserva un buen rato para las proyecciones de Main Street, sin prisa, y quédate a verlas todas.
Pregunta las condiciones antes de hacer fila en un restaurante si vas buscando un producto específico.
Mi conclusión
No me decepcioné porque esperara que todo saliera perfecto, sino por la suma de muchas cosas pequeñas: decoración escasa, productos agotados o incompletos, un puesto cerrado toda la estancia, pocos artículos en las tiendas y un desfile difícil de ver. Para mí, la decoración, la comida y los productos exclusivos son parte de la experiencia tanto como las atracciones.
Aun así, Disneyland Paris sigue siendo un lugar muy especial para nosotros, y en Nubo Journeys nos encanta ayudar a otras familias a preparar sus viajes. Por eso creo que también es importante contar cuando una experiencia no cumple lo que esperabas.
Nos fuimos con algunos recuerdos bonitos, sobre todo de las proyecciones nocturnas, que demuestran lo bien que puede funcionar algo hecho con cariño. Ojalá hubiera sentido esa misma magia en más rincones del parque.
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